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Jamás hubiera entrado en este garito de Edimburgo si no es porque tomamos una pinta en Sandy Bell’s, un pub de esos míticos escoceses que estaba justo enfrente, y al preguntarle al dueño del pub dónde comer unos buenos haggis por la zona, nos dijo que, sin ninguna duda, los mejores eran los de MUMS. Me lo señaló, yo venga a mirar y no lo identificaba, creo que mi subconsciente se negaba a verlo, ya que entre tantos sitios adorables con esa imagen tan british, este no tenía ningún encanto, parecía una franquicia más de las de “baratillo”. ¡Ah, oño!, ¿me dices ese? Sí. Pues vale… habrá que ir.
Aún nos hicimos los remolones y dimos una vuelta por la zona, había unos sitios guapísimos, pero chico, pensamos: si preguntamos será para algo. Así que regresamos y, juer, ¡había cola! En 15 minutos de paseo se había generado cola en la puerta. La suerte es que eran o grupos de tres o de cuatro, y como nosotros éramos dos (mi hija “pequeña” y yo), pues quedó una mesa enana libre y nos colocaron más rápido que deprisa.
Por dentro el local es muy austero, informal, baja calidad de mobiliario y tal, pero las fotos de familias burguesas escocesas sesenteras comiendo, con especial protagonismo de las mums, y las láminas andywarholescas de comida que adornan sus pareces, le dan su puntito.
La carta es mínima, un folio plastificado, por delante comida, por detrás bebida, y recoge los platos tradicionales de la gastronomía escocesa. Tomamos para compartir:
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• MUMS Haggis
• MUMS Fish & chips
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Oye, qué razón tenía el barbas de Sandy Bell’s. No sé si serán los mejores haggis de la city, lo que sí puedo asegurar es que yo pedí haggis en muchos sitios, y fueron los mejores haggis que probé en mi viaje. Y añado, mi hija tomó muchos fish and chips en el viaje (yo probé todos) y para ella los mejores fueron los de aquí, los de MUMS Great Comfort Food, cómo mola eso de “Comfort Food”).
Los MUMS Haggis, el plato más tradicional y señalado de la gastronomía scotthis, contenían lo de siempre, los propios haggis (una especie de morcilla que en realidad es pulmón, corazón e hígado de oveja, muy picados y especiados, mezclados con avena y cebolla, y cocidos en un estómago de oveja) y el acompañamiento del puré de patata (smash) y el puré de nabo (pureed turnip), pero en este caso en lugar de ir dispuestos por separado, iban en una torre piramidal con tres capas: abajo la patata, en medio el nabo, y arriba los haggis, con una salsera aparte con una salsa de reducción de carne con whisky, y una fuentecilla con patatas fritas cortadas a mano. Rociabas la torre con la salsa enloquecedora, y te lo comías con voluptuosidad, qué manjar, y las patatas de 10 también. Para el recuerdo estos haggis, cómo lo disfruté.
Y los MUMS Fish & chips, pues como decía, al nivel de los haggis, qué buenos, hay que ver cómo manejan las frituras los británicos. Dos buenos filetes (enteros, sin trocear) de abadejo (¿por qué en España este pescado lo denostamos?) frito en mantequilla, acompañado de puré de guisantes y, cómo no, patatas fritas cortadas a mano, las mismas que llevaban los haggis, además de una salsa tipo tártara.
Para beber, un simpático y multilingüe camarero me recomendó una cerveza que estaba de morirse, Barney’s Red Rye, cayeron varias.
No tomamos postre, luego nos arrepentimos, seguro que seguían esa línea de “Great Comfort Food” trazada por los haggis y los fish and chips.
Aunque no hacía falta, ya tenemos excusa para volver.
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