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El Gordo y El Flaco, el establecimiento “madre” de esta exitosa pareja de hermanos empresarios hosteleros, Salva y Pablo Martínez. Aunque también es cierto que podíamos remontarnos a La Bona Cuina de su padre.
Aquí empezó todo, y aquí sigue todo. Tras El Gordo y El Flaco vino el Delgadito Gastrobar, la Taberna Gordinflón, La Mar de Flaca… Y después ya el boom, con ese producto incubado en la Lanzadera de Juan Roig, con el lanzamiento, valga la redundancia, de los numerosos locales híbridos y simbióticos LaMburguesa y Paffuto.
Hace años que no íbamos, no sé muy bien el motivo, porque siempre me ha gustado mucho El Gordo y El Flaco y me ha hecho muchísima gracia el nombre, que deriva de las similitudes físicas, caricaturizadas al extremo, de los dos hermanos con esa legendaria pareja de cómicos de los años 20, Laurel y Hardy.
El Gordo y El Flaco lleva en Bétera desde el año 2009, tenían ya un local muy agradable, y se trasladaron unas decenas de metros más arriba de la misma calle, a un chalet de nueva construcción de líneas muy modernas, hormigón por todos los lados en su fachada, una sala abajo muy guapa y una preciosa terraza arriba del local en el techo. Muy cool.
Su oferta culinaria no ha variado: cuidada cocina de mercado, actualizada y atrevida en ocasiones, con ciertos toques creativos, buen producto, arroces y fideuás, brasa, y siempre algunos platos de cuchara, de invierno, mares-montaña, etc. Una propuesta amplia y abierta.
Me llamaban y de qué manera, los “callos con garbanzos”, el “estofado de rabo de toro deshuesado”, el “guiso de manitas con alubias”, los “canelones de corzo”… pero era un tórrida noche de agosto, me dije “Aurelio, céntrate, oño”, y pedimos para compartir:
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• Ensalada de burrata con tomate selección especial, tomate semiseco y aceite de trufa
• Gamba roja marinada, cebolleta tierna y ralladura de lima
• Gambita roja del Mediterráneo al ajillo con migas de jamón
• Tartar de atún con aguacate, mango y salsa de ostras
• Castañeta salteada con papada ibérica y habitas
• Sorbete de mandarina al cava
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Resultó una buena cenita. Como se ve en la comanda, pedimos dos platos de gamba roja, ya que había varias sugerencias del día de este producto y pensamos que se habrían hecho con un buen alijo de las mismas, y estarían ricas y frescas, y así fue. El plato de la noche fue “Castañetas salteadas con papada ibérica y habitas”, pues los sepionets estaban tiernos y sabrosos a rabiar, y la combinación con las habitas crujientes y la melosa y salina cobertura de velo de papada fue un éxito. Pese a su sencillez, destacar también el “Sorbete de mandarina al cava”, cómo lo gozamos, hacía siglos que no tomábamos uno, y este era top, nos aseguraron que el helado/sorbete era casero.
Carta de vinos importante, nos decantamos, como siempre, por burbujitas, Roxanne brut de Chozas Carrascal.
Buen servicio y buen precio. Volveré bien entrado el otoño, cuando se vayan los calores, a tomar algún plato de cuchara.
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Lanzadera. A-y.
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allay
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