Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.
El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
Visitamos durante nuestra estancia en Viena varios cafés, qué delicia, es lo que más me gustó de esta preciosa ciudad, sus cafés (*). Unos icónicos, otros bohemios, otros señoriales… ¿qué calificativo le pongo a Gerstner? Lo tengo: esplendoroso.
Data de 1847, y cómo no, fue proveedor de la corte imperial. Está justo en frente de la Ópera, y tiene vistas a ella desde cualquiera de las tres plantas que ocupa este negocio. La planta calle es tienda-confitería, la primera un bar, y la segunda un café.
Para acceder al bar y al café tienes un ascensor divinodelamuerte, entelado del mismo modo que las paredes en las que está encastrado, tanto la puerta como su interior, por lo que no sabes si es un cuartillo o es una pared, pierdes la sensación de profundidad, muy curioso adentrarte en él.
Una vez llegas a la segunda planta, te encuentras como en un mundo de ficción, rodeado de esplendor, en una atmósfera de época. Son salones palaciegos unidos entre sí, con frescos en los altísimos techos, revestidos por madera barnizada en oro, lo mismo que las paredes. Imponentes columnas, sofás aterciopelados, cuadros enormes, cortinas adamascadas… y una gran cristalera, con privilegiados palcos, sobre la celebérrima Ópera.
A la entrada del salón, el típico mostrador-carrito con todas las tartas de la carta (más de 20), y un piano automático que toca música clásica, hipnotiza ver como las teclas se van moviendo solas marcando el compás de la pieza.
Pedimos una tarta diferente cada uno, entre las que se encontraba, no podía ser de otra manera, la Sacher y la de la casa, la Gerstner, que a la postre fue, como suele suceder, la mejor. Todas exquisitas. Me alegré muchísimo al comprobar que en carta tenía 8 espumosos por copas, eso sí, todos de la bodega Schlumberger. No desaproveché la ocasión y me tomé muy a gustito una copa de Schlumberger Pinot Noir Brut Reserva.
Pues eso, que hay que ir.
(*) Los cafés de Viena son desde el año 2011 Patrimonio Cultural Intangible de la Unesco, que los define como “lugares donde se consume tiempo y espacio, pero lo único que aparece en la cuenta es el café”.
You need to login in order to like this post: click here