Respuestas de foro creadas
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28/03/2019 a las 10:31 #5953
Y si vuelven, pues habrá que hacer lo que antaño hicimos o lo que hacen ahora los jóvenes españoles: emigrar.
Afortunadamente hay vino para todos (y los acidófilos seguiremos mirándoos por encima del hombro cuando os veamos comer ensaladilla rusa o sushi con Ribera del Duero). 🙂 🙂 🙂
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28/03/2019 a las 10:26 #5952
Por otra parte, me hace gracia la moda de los vinos ligeros en contraposición a la tradición de los vinos potentes. ¿No fue sino otra moda esos vinos de los 90 y 00 con 15 grados, madera como para hacer un barco y negros como el alma de un banquero? ¿O es que nadie se acuerda de los Burdeos y Riojas de antes de los 70 con 12 y 12,5 grados?
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28/03/2019 a las 10:24 #5951
Yo creo que ya está todo dicho sobre el particular. Cada uno con sus gustos. Lo primero que he de decir que a mí los vinos superpotentes no me suelen gustar, sobre todo si esa potencia se va por lo goloso.
Dicha la generalización, lo que es importante (como han apuntando algunos compañeros) es que el vino debe ser reflejo de lo que hay: clima, tierra, uvas, etc. No tiene sentido pretender hacer vinos sobrextraídos en Bierzo, en Galicia, en Rioja o en Borgoña. Como tampoco tiene sentido lo contrario (aunque es más complicado), pretender hacer poulsard del Jura en Jumilla o Alicante.
A pesar de que no me suelen gustar los vinos muy potentes, alcohólicos y con materia, los vinos de zonas cálidas deben ser distintos por fuerza a los de zonas más frescas, pero lo que nunca he entendido es el exceso de madera, de extracción, de hacer mermelada. En los 90 y 00 se decía aquello de que el vino tiene que saber a fruta. No, perdón, el vino ha de saber a vino. Es el zumo lo que ha de saber a fruta.
El vino tiene que ser lo más honesto posible, pero sin caer en la banalización ni el snobismo.
Por otra parte no creo que eso del vino más fresco tenga como objetivo atraer a los jóvenes. Pero sí es posible que los tiempos cambien y que los vinos muy machos ya no tengan lugar, igual que no tienen lugar o cada vez menos los coches muy potentes y muy grandes o cualquier otra ostentación de derroche. Me gustaría pensar que se han acabado aquellos años en los que se demostraba poder adquisitivo y hombría poniendo sobre la mesa tintos muy opulentos. En un alarde de a ver quien la tenía más grande.
Y por último (aunque estos son gustos personales) creo que el vino es algo para comer, tremendo lugar común que todos soltamos pero que no siempre se aplica y por tanto considero que vinos más frescos, que no necesariamente ligeros, combinan mejor con casi todas las comidas que en el día a día solemos hacer. No todos los días como estofado de jabalí o alguna otro plato que amerite juntar con vinos de aquellos.
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