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En Belgrado confluyen los ríos Danubio y Sava (fantástico paraje). A orillas del Danubio se concentran varias casas-barco usadas como cervecerías y pubs, y a orillas del Sava hay una zona como de antiguos almacenes de pesca que ahora son restaurantes, todos con pequeña terraza que da al río.
Uno de estos últimos es este que nos ocupa, según nuestras fuentes el mejor de ellos.
Es un local muy guapo y animado, podríamos decir que es un moderno pub-restaurante. En esta zona, y en este en especial, se da cita parte de lo más cool de la ciudad, mucho treinta y cuarentañero y algún veinteañero avanzado (deportistas, se notaba por su altura y complexión, Belgrado está lleno de deportistas de élite).
Música actual con volumen medio de inicio que va subiendo conforme avanza la velada hasta convertirse en alto. Mis hijas, encantadas de la vida, vaya sitio guapo, papi.
En cuanto a lo gastro, se trata de cocina balcánica actualizada. Una carta con bastantes referencias que estábamos estudiando cuando vimos que había un menú especial denominado “Ambar train” que era una selección que hace el chef de la carta y te va sacando a su criterio hasta que tú dices basta, es ilimitado. Pues venga 4 de esos, oiga.
No sé los platillos que tomaríamos, ¿15?, pero muy bien, un completo recorrido por la cocina balcánica con sus salsas, cremas y sopas especiadas, ensaladas curiosas, pescados fritos, carpaccios, pulpo, aves, salchichas de cerdo, guisos de carne, rollos de cordero… De todo un poco. Curioso el mestizaje culinario de los Balcanes, con influencias turcas, continentales, italianas, griegas…
El camarero pensaba que íbamos a decir stop mucho antes… No sabía con quien estaba jugando 😉
Para beber un blanco serbio, Jelić Morava 2016, que nos resultó excesivamente frutal, no fue un buen consejo pues su dulzor, apto para el aperitivo, no acompaña bien cuando llegó lo serio. Cambiamos luego y tomamos otros vinos serbios por copas.
Servicio informal muy amable, se interesaban mucho en hacerse entender y en entenderte, lo que resulta muy de agradecer.
Una grata experiencia, mejor para mis hijas que para sus padres, pero también disfrutamos, es la verdad.
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