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Arévalo es una localidad abulense, en plena A6, que destaca entre otras cosas por sus asados y su mudéjar castellano.
Al estar a poco más de 100 km de Madrid camino del norte, es tradicional parada de viajeros que aprovechan para visitarla y degustar sus asados. Y eso es exactamente lo que hicimos nosotros.
Acabamos en este Asador Las Cubas porque fue el único del que encontré alguna referencia que me convenciera (restaurante “Recomendado” por la Guía Repsol en 2021, que tuvo 1 Sol en el 2020).
Se trata de un negocio familiar con varias décadas a sus espaldas, que se ubica en la pintoresca calle Figones, en dos edificios, uno frente a otro, con sus fachadas de ladrillo mudéjar. En la mencionada calle hay varios asadores, por lo que mucho antes de embocarla, te invaden esos sugerentes efluvios que ya te van abriendo el apetito…
El interior, no se podía esperar otra cosa, es el típico mesón castellano de calidad, con sus maderas, sus ladrillos y sus barros cocidos.
El edificio “madre” estaba hasta arriba, así que nos pasaron al de enfrente, que también tenía llena la planta calle, por lo que nos acomodaron arriba. Se estaba bien, pese a no haber aire acondicionado, los ventiladores tiraban de lo lindo y las ventanas que daban a calles estrechas y por tanto sombreadas, hacían su papel.
La carta es muy corta y tiene dos clarísimos e indiscutibles protagonistas: el cochinillo y el cordero lechal.
Nos confeccionamos nuestro propio degus compartiendo platos:
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• Ensalada
• Judías blancas
• Cochinillo asado
• Cordero lechal asado
• Tarta al whisky
• Flan de queso
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Bien, no es para tirar cohetes, pero salimos satisfechos.
Las judías blancas, con chorizo, para mí fueron lo mejor de la comida. El cochinillo estaba tierno y sabroso, pero le faltaba algo de crunch, ese recrujir de la piel que tanto me fascina. Y al cordero lechal (no sé por qué no le llaman lechazo, pues llevaba el anillo en la pata que acreditaba que era IGP Lechazo de Castilla y León), pues escasa la ración, y con el mismo punto que el cochinillo, con esa carencia de piel tostadita, eso sí, hipersápìdo y delicado.
Pero jaaaate qué cosas tiene la vida que, pese a esos manjares previos, me quedo con la tarta al whisky. Y eso que, amigo, y ya me lo avisaron, aquí no hay engaño alguno, era industrial. Pero chico, que placer, con su chorrito de whisky Dick por encima… cómo la gocé oye, hacía siglos que no pedía una tarta al whisky y me volvió loco, confluyendo en mi cabeza Proust con su magdalena y Barbery con su… (no lo digo para no desvelar el final a quienes no se hayan leído “Rapsodia Gourmet”)
Vinos, tenía bastantes referencias, con Ribera del Duero copando la carta, y sólo una, hay que j…se, de Ávila, que es la que pedimos, por supuesto: 7 Navas Selección 2011, una garnachita envejecida 13 meses en roble que me dijo cositas y que le fue de perlas a los asados.
Correcto el servicio, gente de la zona con ganas de agradar.
Pues eso, que bien, desde luego no para 1 Sol, y “Recomendado”… vale, pero justito.
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