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No estará ni a 10 minutos a pie del Altozano pero es en dirección inversa al casco, al mogollón, es “hacia la Feria pero a la derecha”. No me preguntes, pero se me hizo un poco antipático el camino, y eso que pasas por el Ayuntamiento, por la Plaza de la Catedral… de ahí en adelante son todo calles anodinas. En una de ellas se encuentra Azabache, cuya entrada pasa algo desapercibida, y más de noche, como fue el caso, pues íbamos a cenar después de una intensa jornada laboral.
Tiene a la entrada una barra, condenada tristemente en estos momentos pandémicos, y al franquearla entras en un local de decoración ochentera molona, con varios espacios. Uno de ellos, el más rompedor, está en el centro, con una iluminación verde lima que surge del suelo con mucho puntillo. Nosotros nos colocamos al lado, en una pequeña zona de, cómo no, ya nos vamos conociendo, mesas altas. Y tan ricamente, oye.
La carta, como muchas de las parroquias que tiene esta capital manchega y visité (léase Garabato, Martina, Jimena, D·Origen) es variada y ecléctica, puntito fusión, no olvidándose nunca de dejar un hueco para hacer guiños a los platos típicos manchegos, eso sí, actualizados.
Nos apetecía cenar así rollo informal con cositas al centro, y como tuve la fortuna de que mi acompañante sorprendentemente (las apariencias engañan) no era remilgada en absoluto y no le hacía ascos a nada, me sentí libre de pedir platillos sin mirar si contenían o no partes poco nobles del gorrín, así que de entre las sugerentes referencias que contemplaba la carta, optamos por:
• Sardina ahumada con tabulé de quinoa roja y curry verde
• Tartar de atún fresco macerado
• Gyozas rellenas de carne con oreja crujiente y aliño de frambuesa
• Manitas de cerdo deshuesadas con chipirón y jamón
Pues no puedo decir otra cosa que… que cenamos muy bien, algo habitual en Albacete, mira que me gusta esta ciudad. Una cocina muy agradable, no te enamora, pero repetirías. Emplatados cuidados, diversos, algunos de ellos, siguiendo la pauta de la decoración del local, marcadamente ochenteros por vajilla y dibujos alimentarios (ver foto)
Correcto el tartar de atún, maceradito con gracia; originales las gyozas de oreja, aunque para mí le sobró el aporte dulce del aliño; las manitas con chipirón y jamón conformaron un sabroso mar-montaña, si el jamón hubiera estado crujiente hubiera logrado mejor acabado; y muy rico el plato que de primeras prometía menos, la sardina ahumada con tabulé de quinoa y curry verde, pues era de muy buena calidad, con un ahumado fino pero presente, y conjuntaba bien con la sosaina quinoa, dotada de algo de alegría por un punzante curry verde y cilantro, y redondeado todo ello con el aporte crunch de creo que pistacho picadito.
Cumplen en el apartado líquido, con posibilidades varias de vinos por copas, tanto tintos como blancos y rosados.
Servicio perfil albaceteño (patrio, cercano y con oficio) y destacable RCP.
Pues eso, que es que en Albacete no te acabas la oferta gastronómica, es increíble lo mucho que ofrece la ciudad, vamos, que si quieres probar todo, tienes que ir… “a pijo sacao” (no sé si me gusta más la gastronomía de Albacete o sus desternillantes expresiones)
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