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Brasserie de pies a cabeza. Sin que te lo cuenten en ello estás desde que te asomas.
Lugar acogedor; gente acogedora. Carta en la que apetece todo de arriba a abajo y vuelta. La carta de vinos habla francés. Se es brasserie o no se es, pero nada de medias tintas.
Vamos con unos caracoles de sabor tradicional y aspecto peinado con raya. Riquérrimos. Damos un par de saltitos y nos vamos a por unas ancas de rana (deshuesadas para finolis como nos) en las que el fondo les da el empujón. ¡Más!
Pez limón con huevas de erizo que se termina con un muy agradable caldo cárnico para templarlo, y que me recuerda a un rico dashi. Yyyy por (pre)último una estupenda falda de cordero. Profunda.
Riquérrima, también, la tabla de quesos y la crepe suzette.
Para beber la cosa iba de ir a algo ligero que fuera bien con todo. ¿Jura? ¿tinto? Al ver que nos iban los vinos, y de ese pelaje, nos biensugieren un Prunelard ’16 de Le Conservatoire. Ooooye, ¡qué vino tan ricoooo! A los postres una copeja de una suerte de vino fortificado (cuyo nombre no anoté; quiero decir etiqueta que no fotografié). Rico y bien curioso.
En total, felizmente cenado por algo menos de 65 EUR.
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Ofendo si pregunto si la crêpe Suzette la elaboraron delante de vosotros a la vieja y sabia usanza?
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¡Por supuesto que no ofende, caballero! Vino preparada de la cocina.
Saludos,
Jose
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Ohhhhhhhhhhhhh
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