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A veces la memoria es caprichosa y guarda algunos recuerdos demasiado escondidos para ser encontrados con facilidad. Pero igual que un día descubres un juguete de cuando eras niño y experimentas las sensaciones de aquellos tiempos, el otro día apareció en mi cabeza el nombre de un restaurante en el que siempre había disfrutado hace mucho tiempo: Ciro.
Llevo un par de visitas en poco más de un mes y me reafirmo en que hay que volver a Ciro. Julio Colomer, que así se llama el alma de Ciro, sigue en plena forma, con una cocina madura, coherente y equilibrada en cuanto a técnica y producto. Y aquí sigue, atrincherado en su cocina, alejado del centro y de grandes titulares, pero dando de comer a sus habituales, de los que nunca se ha olvidado.
Ciro se encuentra en el barrio de Campanar y mantiene su encanto del primer día, con esa decoración orgánica dividida en dos comedores y un altillo, con la luz natural inundando la estancia interior. Porque no os equivoquéis, Ciro sigue donde estaba, Julio sigue cocinando con su filosofía de siempre, pero aquí no hay nada demodé, no vayáis a empaparos de nostalgia porque el restaurante sigue vivo y joven, no busquéis los platos de siempre y dejad la repostería de Proust para otro momento.
A mediodía ofrece dos menús y, sinceramente, con el corto se come más que de sobra: dos entrantes, un principal a elegir y tres postres. Sí, sí, no hay que elegir, salen los tres. Siempre tiene algunas cosas fuera de carta como ostras, mejillones o alguna fritura de pescado con la que puedes completar el menú. Esta última visita tomamos:
Salpicón de clóchina valenciana con espuma de tomate. ¿Sencillo? Pues trata de hacer que todo case a la perfección, que cada cucharada sepa a un todo y no a una mezcla de ingredientes inconexos. Que están vistas las espumas, sí, pero la voluptuosidad conseguida con esta de tomate es lo que todo salpicón querría tener sobre sí mismo.
Trichat de patata, bacalao y una muselina de allioli ligera que acompaña a un bocado rico con una textura perfecta que liga perfectamente el cremoso bacalao con la patata.
Cordero, tabulé y salsa de yogur-hierbabuena. Este es el plato principal que hemos escogido en esta ocasión, pero la anterior optamos por una merluza excelente. Suelo pedir el pescado en los menús, pero esta vez me apetecía probar alguna carne y fue todo un acierto. Cordero perfecto de textura y con un sabor excelente, tostado por fuera y meloso por dentro. Un platazo en un menú de mediodía de 25€.
Postres: trufa de chocolate, crema catalana de azafrán y mango con yogur. El mango sale con una mousse de yogur que le da la acidez que necesita, y el punto de azafrán de la crema catalana la dota de personalidad. Al no ser yo muy de postres, la trufa se me antojó algo excesiva, pero seguro que los adictos al chocolate sabrán apreciarla.
La carta de vinos es sencilla pero bien seleccionada y las copas son de calidad, por lo que el vino acompaña a la cocina en todo momento.
El servicio es atento y eficiente, la encargada de sala te recibe con una gran sonrisa que intuyes en sus ojos (llevan mascarilla) y presenta el menú, los platos y los aperitivos con gran entusiasmo. ¿Qué más se puede pedir?
Ciro emergió de mis recuerdos para fijarse en mi memoria.
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Atendiendo a consejos de amigos y con la excusa de su nueva ubicación, fui a visitarlo hace un tiempo un día de entre semana, a comer. Un menú degustación que me gustó tanto que al fin de semana siguiente regresé con mi familia a cenar. Desde entonces he vuelto unas cuantas veces.
El local es muy guapo, decoración “neo-rústica” como ellos dicen con salero en su web, con un patio interior cubierto muy cuqui.
Y la cocina, pues muy resultona, fresca, de base mediterránea permeable a influencias étnicas de actualidad.
Buena tabla de quesos para finalizar.
Bien el tema vinos, manzanilla pasada de aperitivo, champagnes asequibles y oloroso con los quesos. Vinos por copas, unas cuatro referencias por categorías.
Servicio atento e implicado.
Es de esos restaurantes que te encuentras a gusto, comes bien y a buen precio y te dejas caer de vez en cuando.
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