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Pero qué cosa más bonita Lucerna, sin duda la que más me gusta de las ciudades suizas que conozco.
La estampa que conforma el Kapellbrücke (puente de madera más antiguo de Europa) rebosante de flores, sobre el río/lago Reuss, con su torre octogonal Wasserturm, es impagable, de esas que se te quedan en la retina para los restos.
Pues ahí, ahí comimos, a sus pies, en la terraza del Des Alpes Hotel Restaurante, chico qué gozada.
Una terraza muy bien puesta, como corresponde a un hotel de esa categoría, pegada a la barandilla fluvial, comes a la misma vera del Reuss, eso sí, con los viandantes pasando entre la terraza y el hotel.
La carta es diversa, contemplando especialidades suizas, aunque con aire internacional, y… muy cara, como todo en Suiza. Para que os hagáis una idea, un bratwurst, cerca de 40€ al cambio, y un pastel de carne, 50 coins. Y ahora vas, y lo cascas.
Pedimos dos platos a compartir porque íbamos con algo de prisa con las ansias de turistear a tope, y porque vimos que eran abundantes.
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• Luzerner Bratwurst
• Original Luzerner Fritschipastete
• Copa de Helado Marrakech
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Puessss muy correcto, oye, para que te voy a decir otra cosa. El luzerner bratwurst, una salchicha de cerdo con finas hierbas, a la parrilla, picantilla, estaba sabrosona, y aún me gustó más el rösti (como una tortita crujiente de patatas machacadas) sobre el que iba. Y el original luzerner fritschipastete, rico también, un pastel de fino hojaldre de brioche relleno de unas bolitas de carne y creo que riñones, con champiñones botón y pasas borrachas, y una salsa sápida y melosa.
Bebimos dos agradables vinos de la zona, por copas, un blanquito primero, Bisang 2022 Riesling – Sylvaner (AOC Luzerne) y un tinto Weinbau Ottiger Terzett Cuvée 2022 Pinot noir – Merlot – Cabernet jura (suizo, de Lucerna, sin D.O.), servidos a temperatura perfecta y en buenas copas. Este viaje he descubierto los vinos suizos (más allá de los chasselas), no están nada, pero que nada mal.
El servicio, top, un croata que hablaba cien mil idiomas y desbordaba clase y simpatía, que no tienen por qué ir reñidos, oño.
Bueno, pues eso, una comida carisérrrima, con unas vistas hipnóticas que sólo ellas valen eso y más.
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