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Hay dos cosas que no he comentado de la restauración rumana (bueno, vale, bucarestina, del resto conozco bien poco) que me encantan, una de ellas es la libertad de horarios, a pesar de que las horas de comer más o menos habituales en todo el mundo son las más populares, prácticamente en toda la ciudad (no sólo en el centro que podría parecer más lógico por el tema turístico) las cocinas están abiertas ininterrumpidamente, y es que hablando con la gente que tengo confianza siempre me han comentado, que en Rumanía (Bucarest) se come cuando se tiene hambre, y no cuando toca hacerlo, y dado a mis cortas estancias, y normalmente apretadas e irregulares agendas, me viene de muerte.
Otro punto que me gusta bastante, y sobre todo tratándose de una cocina tan desconocida, y hasta un cierto punto diferente, es que todos los platos vienen en las cartas “pesados”, es decir, te informan del peso del ingrediente principal y del acompañamiento, y en algunos casos hasta algún posible complemento o salsa, lo que viene muy bien para dimensionar el pedido en función del hambre con el que te sientas.
Así pues, que me encontré un lunes a las 16:00, después de haber llegado al hotel del aeropuerto a las 5 de la mañana, después de varias visitas, y sin llevar en el cuerpo desde la tarde anterior mas que medio café de la cadena verdusca, y habiendo quedado a cenar con un cliente, algo necesitaba comer, pero que tampoco fuese demasiado opíparo.
El restaurante se encuentra en pleno centro, aunque un poco apartado de las calles más bulliciosas, se accede a lo que parece ser un antiguo palacio, con unas imponentes puertas, que dan paso a una agradabilísima terraza en el patio del mismo. Como el día lo agradecía, me quedé en ésta, pero por lo visto en algunas fotos, las diferentes salas, como el propio edificio, deben ser bastante elegantes. El servicio atento y agradable según los estándares rumanos.
Para comer, iba con la idea de una ciorba, y me decidí por la recomendación del chef, a base de cordero y nata fresca, a pesar de lo que pueda parecer no es nada pesada, supongo que por lo que parece, la base de caldo es más ligera de lo habitual aquí, y por no quedarme en la sopa, iba con la idea de terminar con unos “mici/mititei” (que además sirven por unidades), una especie de albóndigas (por el contenido) con forma de salchicha, que cocinan a la brasa y acompañan de mostaza. Pero al ver la carta vi un plato que no conocía similar a este, unos “plescoi”, que simplificando, aunque se vea en la foto, consisten en una especie de chistorras, bastante magras, y eso sí, condimentadas en su elaboración con chile, algo que desconocía… en general estaba bueno, pero al ser tan magro, le hubiese venido bien algún acompañamiento, pero buenas y algo diferentes en todo caso. Precios: 17,90 Leis el primero (menos de 4€), y 27.90 Leis el segundo (unos 6€)
Para beber, como siempre, una cerveza al sentarme y un par de copas de tinto rumano a unos 20 Leis para la comida. Que hizo más caro beber que comer.
Resumiendo, sitio al que volveré a dar cuenta de más platos.
PS: Me estoy haciendo un poco fan de las ciorbas, no las cambio por ninguna buena crema o sopa nuestra, pero para mis breves estancias rumanas, me resultan bastante agradables por el punto tan distinto que tienen.
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Joé con las ciorbas! Me estás provocando, voy a tener que ir a Rumanía sólo para probarlas…
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Muy curioso el tema de las ciorbas, sí, eso hay que probarlo, pues la pinta es muy buena.
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Uysss, a ver si me estoy pasando y estoy generando muchas expectativas… :p
Igual ocurre lo mismo que me pasó en su día con la pizza de kebab…
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Jaja, no tengas miedo, no, que no va a llover!!!
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