Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.
El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
Se trata del restaurante por excelencia de Trespaderne, una localidad burgalesa que acoge en verano y fines de semana a mucha parroquia vizcaína, en su mayoría descendientes de emigrantes de esta tierrasagradadondeyonacísuelobenditodondemoriré. Un perfil de cliente el vizcaíno que, al igual que el burgalés, es exigente y tiene mucho criterio. Y si “el Jose Luis” siempre está lleno, y desde hace décadas, con esta clientela… por algo será.
Tengo unos primos que responden exactamente a ese perfil, y raro es el viernes que al ir al pué (cerca de Trespa, pasan por la puerta), no paran a cenar en “el joseluis”. Insisto, por algo será.
Fue precisamente con ellos, y con otros cuantos primos más, con los que tuve el gusto de visitar el José Luis en esta última ocasión, a finales de agosto. Primos… y el clásico ysinembargoamigos. Como sucede invariablemente cuando nos juntamos, la cerveza y el vino corrieron por la mesa como la pólvora. Estuvimos muuuuy a gustito.
El restaurante, insertado en un complejo con hotel y barra de bar, tiene varias salas, terraza, etc., y es realmente espacioso, con una capacidad de hasta 180 comensales. Por muy mal que me sepa, dado el cariño que le tengo a este negocio, diré que no tiene ningún encanto, es una decoración rústica humilde realmente desangelada. No acompaña la iluminación, tristona. Mejor de día en este aspecto.
Pero vamos a lo que vamos… ¿por qué burgaleses y vizcaínos repiten y llenan día tras día el José Luis?, ¿por qué voy yo cada vez que puedo, sólo en muchas ocasiones? Pues porque se come muy bien, muy abundante, y a muy buen precio, oiga. No hay otra.
¿Y qué se come aquí? Pues cocina tradicional burgalesa, con influencias vascas, basada en el producto de temporada. Nos encontramos en una zona con gran riqueza micológica, y este restaurante no es ajeno a ello, por lo que suele haber setas, es otra de las cosas que me incitan a venir. Aún recuerdo hace unos cuantos otoños qué setas de pie azul me cené, las mejores que he probado. Y qué boletus, y qué rebollones, y qué perrechicos.
La carta la formaban tres folios mal planchados, que recogían referencias muy diversas, y tras cierto debate, elegimos muchas cositas al centro para picotear, y un principal cada uno. Así quedó la cosa:
• Sopa de ajo de la abuela Sari
• Croquetas de boletus y jamón
• Ensalada templada de bacalao con trompetas de los muertos y vinagreta de pil-pil
• Cecina de León
• Morcilla de Trespaderne con pimientos asados
• Txangurro al horno
• Medallones de bonito a la romana con salsa vizcaína
No es la vez que mejor he comido en Jose Luis, pues tuvo algún claroscuro, pero aún así cenamos bien.
Destacar sobre todas las cosas la “sopa de ajo de la abuela Sari”, que bien podrían haber sido las (en plural) “sopas de ajo de la abuela Dolores” (mi abuela), o posteriormente las “sopas de ajo de mamá Pilarín” (mi madre), porque es que eran idénticas… ¡y no las pedí yo!, las pidió otro comensal, pero le gorroneé todo lo que pude, la confianza da asco, ¡cómo estaba la sopa, qué recuerdos! Y las “croquetas de boletus y jamón”, de 10, bechamel estupenda, con el sabor y la consistencia óptima, y el rebozado perfecto. Y los “medallones de bonito a la romana con salsa vizcaína”, frescos, poco hechos, someramente rebozados, jugosísimos y con una vizcaína de miedo, los disfruté con ganas, pese a que llegué algo justo dada la generosidad de las raciones. El resto, como decía, con altibajos.
Carta de vinos, más bien corta y, no podía ser de otra manera, muy clásica, centrada en Ribera y en Rioja, más en Rioja que en Ribera, una mala costumbre que tienen por la zona, ¡oño que estamos en Burgos, más Ribera y menos Rioja, e menos samba e mais trabalhar! Nos decantamos por Ribera, cómo no, nobleza obliga, y tomamos primero un correcto Finca David Sebastián crianza 2017 al que le siguió un gran Viña Pedrosa crianza 2016 que se comió con patatas al anterior, mucha más enjundia, cuerpo, voluptuosidad y estructura.
Servicio muy cercano y eficiente, rápido, sin alharacas.
Pues eso, que pronto nos vemos, a ver si puede ser este mismo otoño y pillo unas pie azul…
You need to login in order to like this post: click here