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Una fuente muy fidedigna me habló de este lugar al comentarle que había estado en Höcho y me había gustado y que me había reconciliado con la cocina japo. Me dijo también que era de uno de los antiguos chefs de Kamon, que se había montado algo por su cuenta, yo pensaba que recientemente, pero qué va, llevan ya creo que dijeron que tres años.
Como tengo un amigo metrosexual que cuida su línea que es un primor y le gustan los japos, pues para allá que fuimos un día de entre semana a comer rápido, que luego había que currar. Está en Ruzafa, y aunque ya me había avisado mi preciosa fuente, la sorpresa fue morrocotuda al entrar en el local, juer qué cosa más curiosa oye. No sé ni cómo definirlo. Es como si entraras en un tugurio oscuro rollo punky del Soho londinense de los 80. Materiales y mobiliario muy modestos, incluso incómodo, las paredes por un lado pintadas como de llamativos y coloridos graffitis japoneses, y por otro forradas de algo similar a uralita ondulada, ¡qué raro y qué cañero!
La carta es claramente de japonés fusión vanguardista, con referencias tradicionales, otras que incorporan materias primas mediterráneas, y otras audaces, agrupadas todas ellas en los siguientes apartados: Entrantes fríos / Entrantes calientes / Uramakis / Nigiris / Donbburis / Carnes / Postres.
Tiene menú diario (nos fijamos a la salida), pero como no lo sabíamos y era nuestra primera visita, estábamos estudiando la carta concienzudamente habiendo ya casi alcanzado un acuerdo de qué pedir, cuando un camarero, con estética también acorde al local, muy majo y decidido el tío, nos preguntó que si le dejábamos que nos sorprendiera. Enga, amos.
Y nos sacó:
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• Usuzukuri de vieira
• Sepia-ventresca de atún
• Rollitos de langostino
• Dim sum de rabo de toro
• Uramaki de pulpo
• Nigiri de ventresca de atún
• Nigiri de corvina
• Nigiri de anguila
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La entrada fue bestial, pues ese usuzukuri de vieira estaba de morirse. El usuzukuri no es sino una especie de sashimi, pero con el corte más fino y al bies, y este de vieira estaba aderezado con salsa yuzu miso, maracuyá, pesto rojo de tomate seco y albahaca, crema de marisco con chili dulce-picante, uvas de mar y aroma de pomelo tailandés. Ahí es nada. El resultado… espectacular, qué frescura, qué conjunción, qué saborrrr y qué punch. Ante tal arranque, nos preguntamos si serían capaces de superar esto en los siguientes platos, y no fue así, pues aunque vinieron bocados realmente exquisitos, a la postre el usuzukuri resultó ser el mejor con diferencia.
Y eso que todos estaban muy ricos y originales, quizás el que nos dijo menos fue el rollito de langostino, rico, pero nada especial. Destacar, top-top-top también, el dim sum de rabo de toro, voluptuoso, llenaba la boca y la envolvía para que pudieras regodearte, uahhh. Nos preguntamos también si ese plato no debería ser el último, porque… ¿qué superaba esto ahora? Y realmente volvimos a tener razón: nada le superó en intensidad, debería haber sido el último plato.
Cierto es que mostraron criterio en la secuencia, pues tras él venían dos nigiris juntos (estupendos, uno de corvina y otro de ventresca de atún) que incorporaban ambos la siempre complicada trufa, y finalizaba el festival con otro nigiri, de anguila, con presencia también de la trufa. Aunque como digo “le pudo” el dim sum de rabo, este nigiri de anguila resultó ser otra bestia parda, con anguila cocinada al estilo japonés, acompañada de foie micuit glaseado, espuma de frambuesa y yuzu, sanso y teja de fresa deshidratada.
Nos encantó esta cocina, un japo-fusión con mucha personalidad, con preciosas presentaciones y emplatados en alegre y variopinta vajilla. Yo destacaría la frescura de todos sus platillos, con ese punto cítrico/frutal omnipresente que hacía de desengrasante y de hilo conductor. Todo llevaba algún cítrico marcado, bien fuera yuzu, bien fuera pomelo tailandés, o lima, o kumquat… me gustó mucho esta fresca impronta de Kawori, mucho, muchísimo.
Algún aspecto de mejora ya hemos comentado, como la secuencia elegida, o el abuso de la trufa, es excesivo a todas luces, aunque estaban buenísimos, que los tres últimos nigiris contuvieran trufa.
Otro detalle que me encantó es que nos recomendaran que le hiciéramos fotos al ticket para que la próxima vez que fuéramos se lo enseñáramos y nos sacaran otras cosas. Y así lo hicimos y así lo haremos, que somos muy disciplinados, oiga.
Tiene una carta de vinos mucho más amplia y bien seleccionada de lo esperado, en cuanto a su trato y servicio poco puedo comentar ya que como había curro por la tarde, tomamos solo un par de copitas de blanco, en aceptable cristalería y buena temperatura.
Sin duda volveré, y eso que barato no es, pero merece la pena. Me gustó más que Höcho, ese punch de Kawora me atrapa, aunque Höcho por supuesto es otro nivel en cuanto a entorno y tal (y tiene ese nigiri de cigala que… pa qué te ví a contá)
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Oye..como si hubiéramos estado, buen relato Aurelio, y si … es curioso que el rabo de toro adelantara a los pescados visto desde un maño occidental pero desde oriente alguna explicación habrá.
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Gracias Luis.
Yo creo que les da miedo “encimar” la trufa… y ojo, que el último, el de anguila, era una bestia parda y podría haber dudas, pero con los dos anteriores (ventresa y corvina), ninguna.
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