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Cuando preguntas dónde comer bien por la comarca del Bajo Martín turolense, la respuesta invariablemente es que en Avenida. Te suelen decir “ahora que el Agustín ya no está en Albalate, el Avenida y poco más”. Hay que rascar mucho para obtener más resultados. Y Los Alegres Huerfanitos, cuando vamos, vamos, y si el encuentro anual era en el Bajo Martín, pues no nos íbamos a conformar con una sola referencia, así que rascamos… y salió este La Maravilla, en Urrea de Gaén, un pueblecillo muy cercano a Albalate del Arzobispo, con poco más de 400 habitantes. 400 habitantes que, oye, les da para tener un buen restaurante como es éste que nos ocupa.
Así que, tras cenar la noche anterior en el Avenida, con profuso cerveceo previo, nos levantamos alegres y dicharacheros, vistamos Apadrina un Olivo en Oliete (qué encantador y loable proyecto), hicimos senderismo por la zona (buena caminata), reemprendimos el cerveceo, y fuimos a comer, frescos y rehidratados a Urrea de Gaén, donde también hicimos una paradilla ? antes de ir al restaurante.
La Maravilla tiene abajo el bar, amplio, limpio y luminoso, gran barra, realmente agradable, y arriba, subiendo unas escaleras, la sala del restaurante, recogida y decorada con austeridad y sencillez, pero también agradable.
La carta es variada, con referencias tradicionales actualizadas algunas de ellas, con cositas muy sugerentes. Nos hicimos nuestro propio degus sacando platos al centro. Así quedó la cosa:
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• Tapas degustación
• Timbal berenjena y calabaza con mozzarella y salsa de tomate
• Perdiz escabechada
• Chipirones en tres salsas
• Medallones de solomillo de cerdo rellenos de queso con salsa de mandarina
• Coulant con sorbete de mandarina
• Biscuit al caramelo
• Tarta al whisky
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Puesssss, hombre, no alcanza la altura en cocina del Avenida, ni mucho menos, pero sales, como mínimo, satisfecho. Ni podemos ensalzar ningún plato en especial, ni tampoco denostarlo, pero en conjunto nos pareció una cocina natural, casera, fresca, y con su puntillo en todos los platos. Se percibe que hay mimo, cuidado y buen gusto en los fogones.
El servicio, cercano y la mar de agradable, se respiraba buen rollo en la sala, tanto con el servicio como entre los comensales, ambiente festivo y distendido, disfrutamos mucho.
La carta de vinos (aquí superan por goleada al Avenida), es maja, tiene sus cosillas, está centrada en referencias aragonesas, como tiene que ser, hombre. Lo que pasa es que, como no nos habíamos hidratado lo suficiente (guiño, guiño, guiño) nos apetecían burbujitas, y pese a a que en este apartado cojeaban, pues solo tenían una referencia y… en fin, morimos a ella, Anna de Codorniu, qué le vamos a hacer, servido en copas troteras, peeeeero… terminamos con una sobremadurada y golosona macabeo bilbilitana, Baltasar Gracián Blanco del Hielo 2020.
Y tan ricamente, oye.
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Has obviado que nos sobrevolaron innumerables aviones en la plaza
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?
Aviones, golondrinas o vencejos?
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