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¡ Qué felicidad de lugar !
Que si no sabes que está ahí lo más probable es que te pase desapercibido, entre la pléyade de oferta turística que se agolpa de forma abrumadora en esa calle (sip, abrumadora sin quedarme corto). Pero oye, entras aquí y todo cambia. Es otro rollo. Cocina del lugar, con producto de temporada, sensatez, de hacerte sentir bien. Y abro el capítulo de agradecimientos prontito, que pa’luego es tarde: Traspapelé las notas, si bien creo recordar que la persona que me atendió se llamaba Anais. Todos de 10. Ella un 15 en todas las mesas.
Y ahora vamos al asunto del buen comer. Muchas cosas que apetecen, y una cosa chula en la carta, y es que recomiendan algunas cosas si vas solo, porque por la cantidad igual no te hace el peso pedir algunos peces de tamaño pelín grande. Además algunas cosas te las pueden apañar a media ración, es cosa de hablar con ellos, que ya de inicio se muestran cercanos a hacerte sentir bien en todo momento y proclives a ayudarte en ese (feliz) trance de la comanda.
El asunto arrancó con media de ensalada de tomate. Que llega pelado, en trozos de morder bien para ser feliz, con una cebolla cortada como el pelo de un ángel y aliñada con mesura. Para comerte la otra media sin pensar en lo que venga después.
Vamos después con una de muergos. Suerte de navajas, en versión pequeñita, y riquérrimos. Punto impecable, en que la totalidad estaban en su punto perfecto. Ni pasados ni cortos de cocción. Que oye, no es cosa menor.
Y llegamos por fin a un preciosísimo bonito, que hacen primero a brasa y terminan al horno. Que cuando llegó lo miré escéptico, porque me parecía pasado de punto. Que me indicaron que me lo podían pasar más. Gesto que agradecí, mientras callaba mi escepticismo. Y cuando abrí el asunto… ¡¡ gloria bendita !! Punto impecabilísimo. Una deliciosa preciosidad de bonito, sobre una cebolla confitada durante un millón de horas (minuto más, minuto menos) con un toque de vinagre al final para conformar una suerte de escabeche. Un platazo.
Postre no suelo usar, pero les dije que si había algo que considerasen que no podía perderme pues adelante. Y el diálogo fue tal que así:
– ¿Te fías de mi?
+ ¿No me voy a fiar a estas alturas hija?
… y llegó un flan de higos en almíbar, hechos también por ellos, que era una maravillositud. Que además para acompañar trajeron una copa de cava que le iba sorprendentemente bien.
En el asunto del beber tienen una carta bien apañada. De mediana tirando a larga y en la que puedes encontrar cosas apetecibles. Por copas el asunto se reduce, de modo que fui a por un par de copas de Inocente, que siempre es (más que) bien.
Todo este muy feliz asunto, con un océano de agua fresquita y un café con hielo fueron a 72,35 EUR, y salir con una sonrisa de oreja a oreja.
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Las Redes es un clásico de la zona. Recuerdo haber comido allí un par de veces, pero hace más de 10 años, así que me alegro de que siga en forma.
El tema de los muergos es curioso, creo que solo en el norte los diferencian, o tal vez solo se quedan en el norte. En Llanes me sacaron unos que deberían medir un palmo. Cuando dije qué navajas tan grandes casi me sacan a gorrazos XD
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Esa es otra de las cosas chulérrimas de los mercados. No sólo ver productos que no son comunes en el lugar del que venimos, si no también ver y escuchar otros nombres para cosas que sí conocemos ^___^
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Qué razón tienes con lo de “la pléyade de oferta turística que se agolpa de forma abrumadora en esa calle” (y yo añadiría que en ese pueblo).
He estado tres veces en los últimos años, en Annua, Augusto… juer. En dos y en dos de las ocasiones intenté en Las Redes, una estaba cerrado, y otra lleno. La tercera, hicimos un “aperitivo largo” o “vermú torero”, sustituyendo la comida, y visitamos toditos los locales de esa calle/soportal, acabando al final y en frente… ¿adivinas? Sí, en Las Redes jeje, nos “medio-sentamos” y rematamos ahí con norecuerdoquépescado, una ración grande para compartir entre los tres toreros, pero sí recuerdo que salimos muy contentos (más de lo que íbamos 😉 ).
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Es un lugar que merece encontrar el hueco, e incluso hacerse un desvío para ir “de propio”, y comer sentado y con toda la calma posible. Tienen un productazo que cocinan con mimo.
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