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Tan solo una semana después de visitar MANAW Nikkei Bar, y ante la gratísima experiencia que ahí viví, fuimos a cenar a su restaurante hermano, que no está ni a 200 m., a MANAW Wine Bar.
Ocupa un pequeñito local de dos plantas junto al Mercado Central de Valencia. La planta alta es muy sobria, pero la baja, que es la más usada (si no se llena no dan mesas arriba) es muy cuca, casi cuadrada, con dos de los lados de ventanales de arriba abajo desde los que tienes una buena panorámica del Mercado Central. Una cocina semi-vista y 5 o 6 mesas altas con cómodos taburetes, eso es todo. Rusticismo con algún puntito de diseño, madera, cristal… muy informal y amigable. Tiene también una pequeña terraza.
Si la oferta de su hermano era una meritoria cocina nikkei, MANAW Wine Bar centra la suya en dos pilares: brasas fusión y vinos (como su nombre ya nos indica). Se nota el parentesco en los platos, pues muchos de ellos incorporan elementos peruanos, ya sean nikkei o chifa. Pero mucho más informal, más sencillo, menos elaborado, basado, como decíamos, en las brasas.
La carta es corta, 20 referencias y 3 postres, eso sí, muy interesantes a priori cuando las lees. Pedimos al centro:
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• CROQUETA DE GAMBA THAI
• PUERROS TRUJILLANOS
• CAUSA PERDIDA
• CALAMAR
• NIKU TATAKI
• SANGUCHITO
• THAIRRIJA
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Pues oye, cenamos bien y estuvimos muy a gusto en la mesa alta que ocupa el vértice de cristal del local, el más próximo al Mercado. No es, ni de lejos, el orgasmo gastronómico del Manaw Nikkei Bar, pero disfrutar, disfrutas también en el Manaw Wine Bar.
Quizás un poco secas tanto la causa perdida como la thairrija, y faltos de un punto más de brasa los puerros trujillanos (acompañados por una salsa de ají amarillo y mascarpone de locura y de una galleta de queso que pedía más crunch), pero el resto de platos, muy bien: la croqueta de gamba thai, qué rica, con unos ramalazos de lima, cilantro, que le daban mucha ligereza; el calamar, fresco, crujiente y sabroso, acompañados de una salsa de nuevo de locura, en este caso holandesa; el Niku Tataki, un tataki de solomillo de ternera con salsa de sukiyaki (qué bien trabajan las salsas) con pak choi y setas, buena calidad y muy jugoso.
Capítulo aparte merece el sanguchito, de morirse, el mejor pase de la noche, copio y pego lo que dice de él en la carta: solomillo saltado estilo chifa con tomate, cebolla, cilantro, huevo y queso acompañado de boniato frito. Ufff, qué voluptuosidad, era como una hamburguesa, con ese tipo de pan, pero en bueno, y relleno de dados de solomillo braseados rollo chifa, con una salsa de ostras y soja espectacular (¡de nuevo las salsas, muy bien!), con queso, huevo y en lugar de patatas fritas, tiras alargadas de boniato frito. Ole.
Como buen wine bar, su carta de vinos por botella es muy atractiva y extensa, organizada en primer nivel por tipo de vino (blanco, tinto, espumosos y generosos), y en segundo nivel por variedad. La oferta de vinos por copas es de 2 espumosos, 7 blancos, 14 tintos y unos cuantos generosos. Tomamos, por copas:
• Trimbach gewurztraminer 2019 D.O. Alsace / Van Volxem Riesling 2015 D.O. Mosel / Coutier Brut Rosé D.O. Champagne / Avelino Vegas 100 Aniversario 2016 D.O. Robera del Duero
El equipo humano lo conformaban esa noche dos personas: un cocinero y un joven y sonriente camarero, de nombre Ayú, que era un auténtico crack, un diamante en bruto con una actitud encomiable, pasamos un buen rato con él.
Manaw Nikkei Bar y Manaw Wine Bar, dos negocios bien llevados, con propuestas atractivas y acertadas, con buena selección de personal y plausible motivación del mismo.
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¿Leo entre líneas que te gustó más el otro o son imaginaciones mías?
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Jaja, lees bien, pero no entre líneas, sino sobre líneas jaja, mira, copio y pego:
“No es, ni de lejos, el orgasmo gastronómico del Manaw Nikkei Bar, pero disfrutar, disfrutas también en el Manaw Wine Bar.”
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