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… y por fin pude volver. ¿ Habéis oído eso de que no hay que volver a los lugares en que fuisteis felices ? ¡ Pues ni p?to caso ! ¡¡ Hay que volver, y de cabeza !!
Durante el confinamiento de la pandemia a cada uno nos dio por una cosa, y os aseguro que durante el confinamiento tenía como fijación volver aquí por la empanada de xoubas. Y con la empanada entre ceja y ceja volví… ¡ y no había ! 😭😭 Me rompieron el corazón, como les dije. Menos mal que soy de fácil conformar y mejor comer 😂😂 Me sequé las lágrimas, y al lío…
La carta sigue siendo en pizarra, con lo que trae el mercado, la temporada. Vi más o menos lo que me llamaba más la intención, consulté si podía hacerse por medias, para que no me diera un parreque de comer, y oye, al tema. Arranque con unas bien ricas almejas a la marinera (media). Tenían chipirones de la ría, que hacen con cebolla bien pochada y la propia tinta que tenga o no tenga el cefalópodo. Media también, que traen en una tradicional bandeja de aluminio. Que luzca el animalito sin más adornos que su propia belleza. Cortas, sientes la textura tan peculiar de casi crujiente por fuera y melosa por dentro, pruebas y… os puedo asegurar que es la única ocasión en mi vida en que casi se me sale una lágrima de emoción por un plato. Solté los cubiertos. Sin palabras.
Todavía atribulado por los calamarcitos vamos con el principal. Me apetecía pescado si bien, yendo solateras, el asunto suele ser complicado, pero oye, tenían un besugo de tamaño que puedo lidiar de tú a tú, y eso fue. Abierto al medio y horno. Muy bien de punto. Se ofrecen a limpiártelo de espinas una vez servido. De agradecer, pero no soy yo usuario de estas cosas. Y lo acompañan de unas patatas que llaman panaderas, y, para que os hagáis una idea visual, son como una suerte de patatas fritas “de bolsa”, algo más gruesas y hechas por ellos, claro.
Vamos al postre. Pensé en algo hogareño, clásico: Flan. Y de ese aspecto es. Hasta que metes la cuchara y oioioioioiiii… que como sería que la comensal más cercana en la mesa (porque estaba en mesa corrida con espacio libre intermedio) dijo: “Estoy viendo su flan y estoy por saltarme toda la comida para pedirlo ya.” De forma habitual y textura habitual, al romperlo al meter la cucharilla resulta que es una suerte de coulant, y en su interior está el mismo flan en textura “natilla”. Una delicia como para hincharte a comer flanes uno detrás de otro.
Pues todo este despliegue de felicidad supina, con un café con hielo y agüita fresquita se apañaron por algo menos de 79 EUR.
Nota: Hay vino, variado, especialmente local y buen coperío. Pero teniendo que conducir inmediatamente, pues ni gota.
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@aitor Pos te respondo yo por acá, que es donde me deja 🤣
Nunca he tenido, ni observado, problemas de trato a los clientes; ni entre ellos, desde luego. Atención siempre correcta y agradable.
Para mi es totalmente aconsejable, y si fuera mañana a Santiago, y quisiera ir a otro sitio (y hay muchos a los que querría ir) , me fastidiría no ir también a Pampin.
Con respecto al vino, pues ejjjke depende bastante del plan que lleve en cada ocasión. Hay ocasiones en las que voy con el horario un pelo más apretado, y el momento de comer, aunque le dedique todo el tiempo necesario y más, puede que me pille en tránsito entre lugares en que sí tengo planificado llegar a determinadas horas por asuntos fotográficos 😇 Cuando no hay plan vespertino, pues sin problema bebo y luego pasear durante horas. Pero cuando no es así… pues cero pelotero. Soy consciente, y me fastidia, de que me lo pierdo, pero a tó no se llega, y toca elegir.
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Me encantó Pampín y, por lo que comenta @aitor nos trataron de lujo, y más con mi hijo, que es celíaco y se esmeraron en darle de comer con todo el mimo y cuidado del mundo.
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Lo pongo aquí porque no me deja responder al último comentario.
Le tengo ganas, pero algunas críticas negativas, en particular sobre el “humor” que gastan, no me termina de decidirme. ¿Totalmente aconsejable?
Por otra parte, Odín me libre de meterme en vidas ajenas y mucho menos en hacer apología del consumo de alcohol, pero ¿Tanta prisa llevas para coger coche inmediatamente después y más en una ciudad como Santiago? Yo estas cosas las planifico bien planificadas para que pueda beber vino, creo que me pierdo la mitad del disfrute, si no lo hago, y más en sitios así que, me consta, tienen gusto y criterio. Obviamente lo mejor es que ignores mi entrometimiento.
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@jose @aitor perdonad los dos, no sabemos el motivo por el cual hay veces que no deja responder a determinados comentarios, lo reporto a los informáticos a ver si damos con la tecla 😒
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Qué bar de barrio más requetechulo. Que ves la pizarra y te da ganas de probar todo. Y de repetir, ¡aun sin haber comenzado siquiera a comer!
Mesas individualizadas y una gran mesa corrida. Local chiquito y bien aprovechado; ciertamente da una sensación de amplitud.
Gentes majas que te bienrecomiendan y al asunto de medias raciones van sin problema. Además, con algún pequeño gesto uno nota que hay alguna cosa que te quieren recomendar. Basta con preguntar para que te cuenten.
Comenzamos probando una anchoa, que te han sugerido y que no es gallega, si no valenciana (López, creo recordar que era el elaborador). Fina y elegante. Vamos después con unos chinchos (chicharritos para los mesetarios) en escabeche. ¡Qué buen escabeche! Hogareño. Por supuesto había que probar la empanada. Pueeeeees creo que es la mejor empanada que he comido nunca. Masa durita, de maíz, y zaragallada de xoubas. Flipé con el punto tan suave y sonrosado que mantenían las sardinillas. Hasta aquí las medias. El principal fue de plato entero. Un generoso y rico plato de panceta al horno.
A estas alturas yo habría dado por concluido el asunto del biencomer, pero me recomendaron uno de los postres y ooooooooye, mira tú que estaba bien rico el coulant de Tarta de Santiago.
Había vinos, sí, algo menos por copas, pero el asunto fue con un Rías Baixas cuyo nombre no recuerdo.
Pues todo esto de ser feliz se quedó en 39,2 EUR. ¡Cómo para no volver!
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Si señores, bar Pampin reza en la entrada de este restaurante, en un barrio no demasiado lejos del centro, en un rincón escondido, con una fachada de bar antiguo, encontramos un local regentado por gente joven, con una cocina honesta, de producto y temporada.
Os costara encontrarlo, pero merece la pena, sin duda.
Llegamos muy pronto a la una, teníamos el vuelo de regreso y no podíamos dormirnos en los laureles.
Carta en gallego, fácil de entender, al rato se lleno el local, la mayoría gente de la tierra, así que empezamos con un escabeche de mejillones casero, qué mejillones, qué escabeche, magnífico, 6€, un regalo.
La empanada del día, en esta ocasión de berberechos, tostada, fina, crujiente, nada que ver con las típicas, 10€ a gusto pagados.
Unas lentejas con perdiz escabechada y foie, muy bien guisadas, 13€.
Fabas (habas) frescas con boletus, al mismo precio, también muy bien traídas, la crema de boletus, untuosa.
Panceta a baja temperatura, jugo de carne, crema de queso San Simón y ensalada de núcula , a nivel del resto de los platos, cocina tradicional con nuevos medios, pero al fin y al cabo guisos, qué ricos , 12€ .
Solo un postre, tarta tatin, 5,5€, bien ejecutada, con un poco de helado.
Para beber un blanco de bodegas Fulcro, Pescuda, 15€.
No hubo sobremesa, pero hubiese estado bien ir con más tiempo, me gusto, gente joven, guisando de puta madre y a un precio muy razonable .
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El queso… quizá sea San Simón 🙂
Saludos,
Jose
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Si, aunque al corrector de Word le parezca mal, es ese
??
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Uahhh, me apetece todo lo que comentas, pero macho, esos mejillones en escabeche caseros… ¡qué pinta!
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Yo metí comentario en TTTs, @oscar-bilb, pero lo cierto es que está a caballo entre una taberna y un restaurante.
https://www.gaudaru.com/tabernas/pampin/
Muy buena experiencia la mía también.
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