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Comenzaré por el final. De esos que dejan huella. El último plato no es un postre, no es un dulce, no son mignardises, no son… Es cebolla. Así, sin más. No es un plato dulce. Es, “sencillamente”, cebolla guisada-horneada-salseada-lacada… ¡ yo qué sé ¡ Es un platazo absoluto de los que marcan. Como les dije a ellos: Toda la comida fue excelente. De principio a fin. En algún tiempo, sin embargo, habré olvidado algún plato. En un poco más de tiempo, bastantes. Pero este plato de cebolla se me quedará grabado en la memoria. Y que quizá, en cierto modo, me habían llevado de viaje hasta el Culler de Pau, por el mismo motivo. Una comida maravillosa… y que en mi memoria se quedó grabada por una cebolla.
Y ahora vamos con todo lo demás. Qué lugar tan chulo. Dos espacios. Un patiejo de entrada, con bien de muy agradable sombrita y suelo de albero, y otro espacio bajo techo, el cual han conseguido que sea realmente acogedor. Son tan majos que tenían preparadas dos mesas, una fuera y otra dentro para que eligiera. Soy bastante lechugáceo y me pongo mustio con el calor, y pese a la sombra del patio para mi ya era demasiado y preferí sentarme dentro.
Al hacer la reserva ya eliges qué menú querrás tomar; que como es habitual tiene un nombre determinado, pero yo me crecí (poco) con “Barrio Sésamo” y se llamen como se llamen para mi son Pequeño, Mediano y Grande. Yo al mediano, que no estoy en edad de merecer, llamado “Menú Anafe” (55 EUR, como lo leéis). Adicionalmente, tienen un par de extras posibles, que constan en la carta y también te refieren; en ambos casos con precio. Además el día en que fui había la posibilidad de darle otro giro más a uno de los extras. Como sí era algo que me apetecía decidí añadir el extra en cuestión. En principio se trataba de gambas templadas con grasa de chuleta. Tenían también quisquillas, de modo que me dieron la posibilidad de hacer mitad y mitad, y así fue. Y oooooooye, que delicia ambas. Por supuesto en este plato, como en algún otro que podía requerirlo, te traen una toalla de mano templada, para que puedas proceder a una higiene decente.
Los platos… ¡ pues qué bien ! ¡¡ Qué rebien ¡! Cocinan la temporada, la tierra y huerta, el mar y lo que digan las mareas, y con menor presencia de proteína animal que de los restantes ingredientes. El suave arranque con el caldo de pescado azul, a modo de tenue dashi, con daditos de letón de atún, y el pincho de corazón de atún, que tanto recordaba en textura a unas setas de sabor suave. Hay escabeches, hay morena, hinojo, raíces, platos con leche cremosa, espárragos, limón negro, trigo a modo de crema-gacha con picatostes y en la que además se moja el pan; y es un lugar en que te animan a mojar y rebañar el plato, a disfrutar y ser feliz. Los postres que no lo son, porque ellos dicen que no hacen postres, si no los platos del final. También de la tierra, con la remolacha, fresa, y la aceituna negra cortada en láminas, y finalizar con el final del principio que lo explica todo nada más comenzar; nada más terminar.
Buen servicio de vino, y a poco que muestres interés y les orientes un poco hacia dónde querrías ir pues te van a llevar a disfrutar también en la copa. Les pedí que, si era posible y tenía sentido para ellos, vinos de la zona y un máximo de tres copas (sí, estoy mayor). Y así fue. Un disfrute con vinos que fueron muy bien con el menú, a saber: Bajo Guía (4 EUR), Fino Honda (8 EUR), Palma Cortada (9 EUR) y 1/2 de Vino Maestro (3 EUR).
Todo este disfrute de menú, más el extra (16 EUR aprox) , agua a cascoporro, el vino e infusión resultó en una pizquita menos de 100 EUR.
Mención especial a quienes atendieron las mesas ese medio día: Juan y Fernando. Mostraron tanto ellos, como sus compañeros de la cocina, una paciencia infinita con una mesa de las difíciles. Unos comensales maleducados como jamás había visto antes; paciencia que yo, desde luego, no habría tenido.
Nota: Si queréis una mayor y mejor crónica, más detallada y con fotografías que hagan justicia, echad un ojo al excelente artículo de Jorge Guitián https://www.lavanguardia.com/comer/sitios/20230517/8970530/tohqa-cocina-imprevisible-edu-juan-perez-puerto-santa-maria.html
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Qué bien oye, qué gusto da leerte.
Eso mismo que te pasó a ti, me sucedió a mí en dos lugares: La Salita y Yume. Recuerdo sus cebollas como si fuera ayer, busco luego fotos y te las paso: todo cebolla en ambos casos.
Que pase usted buen día, don Jose!
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En La Salita estuve hace años (muchos: 2016), en su anterior ubicación, y desde luego disfruté cosa mala. Se me quedó grabado uno de sus platos. Era un carabinero, el cuerpo limpio ¿plancha? ¿brasa? y la cabeza limpia y rellena hasta los topes de una suerte de crema.
No he tenido ocasión de ir a Yume. Bueno, vale, sí he tenido ocasión el septiembre pasado, pero me decidí por otro lugar para ese día 08-)
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Mira, ahí van las fotos
Te atreverías a intentar adivinar cual es la de “Begoñita”?
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Cebolla
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… mmm… el año me vendría bien para ubicarlo. La estética de Begoña Rodrigo me parece la de los pétalos, aunque no el jugo en la base. En la de los arabescos de la primera no me parece suyo, pero la vajilla puede ser de hace unos años y sí podría ser suya, y también esas arquivoltas… Enga, hemos venido a jugar. La de los arabescos no me parece suya, así que sí, la primera 8-D
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Qué grande eres! Ole!
Sip, y es del año pasado, de abril
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¡ Gallifante pa’mi !
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