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? “… y a comer un arrocito a Castellón”… ? Pues sí como los de El Último de la Fila, fuimos a Castellón, a Benicarló concretamente, a tomar un arrocito con unos amigos valencianos y otros catalanes, esa zona nos pilla como a mitad de camino.
En Benicarló hay dónde elegir, desde que se puso de moda la alcachofa (amparada por su denominación Alcachofa DOP Benicarló) y se comenzaron a hacer menús temáticos, se desarrolló la hostelería. Dejamos elegir al jubiletas del grupo, un tipo siempre con criterio y que mira con lupa la RCP, y Trangol fue su elección.
No se puede decir que Benicarló sea una localidad especialmente bonita, tampoco lo es la calle donde está Trangol, bien es cierto que tienen una placilla ajardinada a la que da su terraza, que alegra el asunto.
Nosotros nos ubicamos en el interior, correcto sin más, funcional, desahogado, luminoso.
La oferta gastronómica de Trangol, que tiene fama por sus arroces, se centra en la cocina tradicional marinera propia del norte de la llamada Costa del Azahar, pero con mucha amplitud y diversidad, plasmada en una carta extensísima en la que encuentras, además de varios menús típicos, apartados rollo gastrobar, con platos actualizados y tal, otro en el que la protagonista es la alcachofa, otro llamado “carta de noche”…
A nosotros “nos hizo tilín” (qué viejuno), uno llamado, algo pretenciosamente, “Menú del Marisco”, en el que te sacan tres entrantes al centro de la mesa, y cuyo principal es un arrocito en Castellón ? a elegir entre 8 tipos de arroces, finalizando con un postre casero. Y todo ello, un sábado a mediodía, por 30 euritos, oiga, a 30 euritos vale, a 30 euritos cuesta. Las reglas son que máximo dos arroces por mesa, y mínimo dos personas por arroz. Como éramos 9 pax, pedimos dos arrocitos diferentes, quedando así la cosa:
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• Calamares de lonja a la romana
• Pulpo de roca braseado con patatas al mortero y allioli gratinado
• Langostinos de Benicarló a la sal
• Arroz de sepionet de la punxa y alcachofas
• Arroz con boletus, secreto ibérico y azafrán
• Helado de albahaca
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Y muy a gustito que estuvimos oye, buenos calamares, dulces, crujientes, mollosos y bien rebozados, meritorio ese pulpo, con conseguida conjunción, y finos finos los langostinos locales. Donde podríamos decir que quedamos algo “despagaos” fue con los arroces, quizás por las expectativas levantadas ante la fama que les precedía. Ambos estaban algo pasados de punto, el grano carente de entereza y con la capa de arroz excesivamente gruesa, y, si bien el de secreto estaba muy muy sabroso y menos salido de madre, el de sepionet y alcachofa, resultó anodino, inexpresivo. Todo lo contrario que el postre, una fiesta de saboraco ese helado de albahaca, pero fui al único que le gustó, era como un helado de pesto.
La carta de vinos me gustó, en este caso superó expectativas, y dimos buena cuenta de alguna botellita de Camiño dos Faros Edición especial 2022 de Bodegas Cunqueiro, una treixadura coupageada D.O. Ribeiro, estaba estupendo, tratado sin mimo alguno, eso sí.
Servicio agradable, rápido, sin contemplaciones.
Bien la experiencia en general, no sé si para repetir, posiblemente su recuerdo se vea eclipsado por el éxtasis del día siguiente en Casa Jaime de la vecina Peñíscola, localidad donde esa misma noche tampoco cenamos nada mal, en MuvaBeach.
Tiene un Solete Repsol.
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