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¡ Extraordinario ! Y ahora que tengo vuestra atención, continúo… Qué lugar tan extraordinario a todos los niveles: Atención, comida, entorno, bebida.
Desde fuera tiene aspecto clásico, regio. Lo aventuras espacioso. Entras… y yo me quedé parado en seco. Te recibe un enoooooorme claustro interior del convento en que se encuentra. Enorme, enorme, del verbo enorme. En el último tercio del mismo, a un millón de pasos más o menos, una larga mesa, hacia la que se dirige una amable persona que te recibe, confirma tu reserva, y tras confirmar que bebes alcohol te ofrece una copa de manzanilla de bienvenida, mientras te acompaña al interior. Me recordó mucho al recibimiento en Aponiente. Que para mi es mucho decir.
¿Ascensor o escaleras? Yo como si fuera joven, por las escaleras. Una preciosidad de lugar lleno de historia. Cocina vista. Saludar a todos ellos. Y ya me acomodan en mi muy bonita mesa. Es todo taaaaan bonito, en un sentido clasiquísimo. Para los más vetustos: Es como estar en un “Estudio 1” de “La venganza de Don Mendo” , aquellos que eran en blanco y negro en TVE (sin la R en el nomenklator popular de la época).
Precioso aperitivo, también de bienvenida: hojita de alcaucil. Para acompañar la manzanilla y mientras me explican el menú, vemos cómo hacer el asunto del beber, alergias… ¡ Y a (mucho) disfrutar !
Cocinan el lugar. Cocinan la temporada. Y a mi eso me encanta. Primavera de espárragos y alcachofas. La serie de platos en la que interviene el palodú (regaliz de palo, palulú, puro moro), todos ellos platos riquísimos, si bien me habría gustado mayor presencia del palodú en cuestión. La riquísima acelga en beurre blanc (y mira que a mi esa salsa como que regulinchi, pero aquí sí). Extraordinario el boquerón y anchoa, para comerte 100. Si no fuera porque le precedía una gamba hecha en vivo delante tuya con una infusión de palodú, y que está como para que te recete la Seguridá Sosiá una cada 4 horas.
Flipar fuertecito conejo y sus carrilleras, que me explicaron el método y flipé más. Y que le precedió un bonito con pipirrana estratosférico. Ejercicio bien chulo el del eclair del paté de perdiz. De los de pedir que te pongan una fiambrera con 20 para la merienda.
Estupendo cierre con los postres; chocolates de distintas proporciones de cacao para acompañar un servicio del té extraordinario ( ¿ cuántas veces he dicho extraordinario en estos párrafos ? )
En el asunto vínico también muy bien. Te pones de acuerdo en qué tipos de vinos te gustan, el ritmo de bebienda… y son todo facilidades y propuestas con el interés máximo en que seas feliz. Socaire Oxidativo, Ponce Selección, Goliardo – Caiño, Federico Paternina (’75). Tienen una carta de vinos bien amplia, con una adenda especial de vinos antiguos, de colección familiar, que es pa’verla.
Te vas de allí dos horas y pico después, muy feliz y repasando mentalmente lo comido y bebido, mientras de nuevo cruzas el claustro; aunque si quieres puedes quedarte un rato en él, disfrutando de la tranquilidad del lugar, del bienestar.
Esas alegres horas fueronse a unos felicérrimos 139,50 EUR. Repartidos en 79 EUR el menú, y lo demás fue agua, té y muy ricos vinos.
NB: Añado esta nota adicional, ya que se me había olvidado hablaros del buen pan que acompaña el menú. De El Horno de Torrequebradilla.
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Pero qué me estás contando! Hace muuuucho que no me entraban tantas ganas de visitar un restaurante!
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