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Una frase que dicen (¿ decimos ?) mucho los canosos madrileños es “Voy al centro a hacer unas gestiones”. Pues eso, que tenía fregao por el centro, y como era por la zona la cuestión es buscarse un algo de dopamina que anime el asunto de la gestión. Así que ale, una vez solventado el asunto me fui a merendar a la Taberna el Boquerón.
Esta taberna ya tiene un buen puñado a sus espaldas. Resiste bien erguida el paso de los años y la vorágine de estos últimos. En Lavapiés, uno de los barrios de enorme abanico cultural que resiste como puede pese a la continua represión que les amenaza, y a los fondos buitre y bancos que de manera continua echan a los ancianos de sus casas, mientras trolleys dejan su traqueteo como banda sonora de humanos que, móvil en mano, buscan el lugar y el código de la puerta de la casa en la que han contratado su efímero alojamiento; de humanos que fueron despojados de hogar.
… pues en ese barrio, con esa realidad, está la Taberna El Boquerón desde hace un zurro de años. Marisquería. Que anda que soy yo de marisquerías. Que yo soy del pan de ayer; y de merendar. Ambiente de taberna. Sin imposturas. Taberna. Barra escueta, pero suficiente. En la retaguardia hay otra repisa que se presta a acodarse. Tras las líneas hay un pequeño saloncito en el que veo unas dos o tres mesas. Según entro pido: cerve-sin. Llega de inmediato. Con boquerón en vinagre y aceituna. Me acuerdo de la Taberna Manzanilla de Cádiz (un día de estos os hablo de ella. Según bajas por Feduchy…), Ojeada a la pizarra, a ver qué cuenta. Ojeada al mostrador, a ver qué cuenta.
Pues oye, que esto es marisquería, a precios sensatos. Que es marisquería, y los animalitos tienen un muy, pero que muy, bien mirar. Marchan unas ensaladas de tomate, anchoas y boquerones para las personas que están en las mesas. Fuentes de ostras. Muchas ostras salen. Gildas. Gambas. La verdad es que todo tiene un pintón.
Yo ya he pedido unas gambas plancha. Es ración. Media. 5 unidades – 4 EUR. Mientras, sigo oteando. Tienen unos camarones que tienen un aspecto pa’chillarles. Me contengo. Porque veo los precios en la pizarra y ciertamente me parecen de lo más razonable y me comería la fuente en apnea.
Los vecinos de barra, tras sus gambas de rigor, han pedido unas cigalas. Cigalas que hay que llamar de usted. De un porte a tener muy en cuenta. Nada de terciaditas para la paella, nop. Cigalas de dos palmos.
… y mientras, llega mi merienda. Que me transporta a mi infancia y, quizá, a la primera vez que comí gambas en alguna barra madrileña similar. Buen punto de plancha, bien ahí de sal tabernaria, y la carne impecablemente tersa y fresca. Golosura.
Reparo en que hay vino. Algo sencillo, y curioso. Hay Rioja y Ribera (sic), junto a Pirineos Gewürztraminer y Solear. Que si lo llego a ver antes habría pedido la manzanilla, desde luego.
Pues esta rica merienda intrasemanal, en una taberna bien chula, fueronse a felices 6,8 EUR.
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Juer, yo aquí he estado, y no hace mucho además, qué raro que no colgara ficha y reseña…
Me encantó la atmósfera, con ese aspecto cuasi-quirúrgico de la impoluta barra metálica y los también impolutos azulejos cerámicos que forran las paredes, blancos unos, e hidráulicos con motivos azulones otros…
😍
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Esa es.
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