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En el barrio de Ruzafa se mueven las novedades gastronómicas de la ciudad, pero también se consolidan los que abrieron tímidamente y van cada vez sumando experiencia y profesionalidad.
La primera vez que visité La Llorona acababan de abrir y tenían más defectos que virtudes, pero lo cierto es que la cocina ya era de muy buena calidad y autenticidad. Dejé pasar un año y la cosa había mejorado, pero ahora, cuatro años después de su apertura, este local ejercer una extraña fuerza de atracción sobre mí y no puedo pasar por la puerta sin pedir un taco (al menos) y seguir mi camino.
Me gusta cenar en la barra, que no se reserva (como tiene que ser), cerca de la amable camarera que te atiende de forma profesional y cercana. Aquí la cosa está muy clara, ¡vamos a por tacos!. Lo primero que hay que hacer es preguntar por los tacos fuera de carta, la última vez uno de guajolote (pavo) y otro morcillo realmente buenos. Lo segundo, pensar en un par de entrantes e ir ya a por esas joyas de la cocina callejera mexicana. Mis recomendaciones:
– Quesadillas con huitlacoche: por su dificultad de encontrar el hongo del maíz.
– Ensaladilla picante con mejillones: una ensaladilla rusa con un punto picante, algo de guacamole y mejillones para alegrar el conjunto.
– Taaaaaaaacos: Especial recomendación el taco del pastor, el de lengua, las carnitas y ya el celebérrimo cochinita pibil.
¿Y de picante qué? Pues no pica nada, absolutamente nada, a no ser que lo digas y añadas al pack de salsas una muy picante, una salsa de chile habanero bastante rica de picor medio/alto que a los locos del picante se nos queda algo cortita pero que tampoco desmerece la experiencia.
Nunca tomo postre y el tema de los vinos es bastante mejorable, por lo que más recomendable es pedir cerveza o agua y poder conducir sin miedo.
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Joé, no tengo yo un recuerdo especialmente bueno de este lugar, fui una vez hace un par de años y no pensaba volver, pero leyéndote tan superlativo tendré que volver!
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