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Siempre me han resultado muy simpáticos estos espumosos franceses. Ni champagne, ni crémant, ni… No, hablo de los “Blanquette de Limoux”. Es que leerlo me hace ya mucha gracia, eso de blanquete… jeje. Y súmale lo de la historia de que se precian de ser los inventores del vino espumoso, los pioneros.
Os resumo, refundo y tuneo lo que he extraído por ahí google-googleando:
El Blanquette de Limoux nace en 1531 en el Languedoc, en la región francesa del Aude, entre Limoux y Carcasona, en la abadía de Saint-Hilaire, cuando un monje benedictino observa que el vino blanco embotellado produce burbujas de forma accidental.
Y la aparición estelar del celebérrimo Pierre Pérignon, no acontece hasta siglo y medio después, concretamente hasta 1668, cuando mientras se encuentra en un retiro en dicha abadía, lo descubre y copia el método, llevándose técnica y cepas a su región de Champagne. El resto puessss ya lo sabemos todos.
Se puede, y se debe decir por tanto, que el Blanquette de Limoux es el espumoso conocido más antiguo del mundo.
He descorchado muchos “blanquettes” (uno está ya muy placeao por viejo y además generalmente tienen una RCP fantástica, encuentras muchos por 15€ aprox), pero es que últimamente ha dado la casualidad de que he bebido en poco más de un mes, en tres ocasiones, varias botellas de este Maison Rosier que nos ocupa.
Y, chico, me encanta. A ver, no busques aquí matices de grandes champagne, porque no, pero es resultón, divertido y versátil a rabiar. Y por 13 euritos.
Amarillo pajizo limpio y brillante con burbuja de tamaño medio.
En nariz, manzanas verdes y peras en sazón, cítricos, flores blancas, apuntes como de anís estrellado, y bollería. Mola. Divierte. Agrada.
Y en boca es que te pimplas una botella más rápido que deprisa. Sale ahí la manzana verde más madura que en nariz, resulta laminero, intenso pero grácil al paso, con una deliciosa acidez y un tímido amargor a la despedida, con cierta persistencia.
A la burbuja no le podemos calificar como fina, pero tampoco es basta, eso sí, algo revoltosa.
¡A 13 euritos vale… a 13 euritos cuesta oiga! No, no, costar, sí, valer, vale más.
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